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joseluistrullo

EGO SUM (2004)

“Todos los días, yo soy
yo, pero ¡qué pocos días
yo soy yo!”

J.R. JIMÉNEZ, Eternidades, 56

CONDENACIÓN

Mala cosa es el vivir
cada cambio como estrago,
y lamentarse, tú que antes
celebrabas la muerte como alta
redención de cada instante
en la luz que lo bañaba.

Gran tristeza, el admitir
que el tiempo se viene a menos,
y mengua el astro
que antaño te guiaba y hoy parpadea,
como una ola que ya cesa
y te deposita en la playa
—concha vacía
y hambrienta de sepultura.

Mas lo peor no es apagarse
(al cabo, todo lo hace), sino perder
la compostura, gritar, doblarse
en un gesto aciago y sin cordura,
pues quien llora porque ocurra
lo que tiene que ocurrir de todos modos,
ni conoce el consuelo de los sabios
ni merece la esperanza de los locos

(tan grande es su condenación).

PRESENCIA AUSENTE

Miro y remiro la cuadrada
evidencia, y no consigo
extraerle la sal a esta conciencia
de estar delante y poder verla
tal como la quise siempre:
lisa, tangible y clara.

Tendré que acrecentar la equidistancia
o, en su defecto, ponerle un filtro
para tener por fehaciente
lo que a duras penas admito
con esta frente tan palmaria
—fraude, estafa, timo:
presencia ausente.

DESEO AJENO

Sol
que emerges
por el lado equivocado:
date la vuelta.

Astro errante, luz
a la que las paredes espantan
por su abundancia de reflejos:
corrige ya tu dirección, y reanuda
de nuevo la singladura
por los raíles de mi mano
(superficie plana en que hallarás
la paz que ahora te falta).

Rey: sé tú mi esclavo
sólo por este día
ralo, mate, espectral
en que no puede ocurrir nada
que no haya ocurrido ya.

Oh, tú, jerarca:
desciende hasta este altar
que he llenado de flores, y cumple,
por una vez, deseo ajeno.

OSCURIDAD

Ya sólo hay lo que hay, sin más
resquicios por do la luz se desbordara,
sin alquimia de los huesos en un polvo
especular de efímeros destellos.

Ya todo está presente, y es obvio,
y se consume en un plano transversal
de instantes romos sin tacha ni falta,
masa sosa, lisa y sin agüero

—ese polo neutro de la sustancia
en que se volcaba lo esencial.

Ya el mundo es mundo tan sólo.
Ya los astros se apagan.
Ya no saldré de este agujero.
Ya viene la oscuridad.

PERSPECTIVA

¿Nunca te ha ocurrido que desearas
alejarte, no por estar en otro lado,
sino para contemplar con nuevos ojos
—remotos y alborozados—
el lugar donde te hallabas
sin poderlo divisar, de tan cercano?

¿No has sentido en el flanco
la espuela de la perspectiva
azuzar ingrata contra la calma
sencilla del hogar, pidiendo años
para amar lo que tenías
y, por cercano, despreciabas?

Si no es así, y eres capaz
de apreciar lo que tienes en la mano
y tu edén es la mañana
que repite melodías consabidas
desde tiempo inmemoriado

sabe disculpar
esta mi apología rancia
de quien no vive si no es matando
por ignorancia
lo que le da la vida

(el resabiado).

OTRA PIEL

No es otra piel, lo que yo necesito,
mas que la piel de todas las mañanas
—esta piel ahora reseca, tensa, falta
de elasticidad— vuelva a rodearme como abrigo
en la tormenta, y a mi cuerpo se ahorme:

que cese pronto
esta distancia insomne
entre yo y mi yo más caluroso;
que el fuego arrope
mi osamenta, y el oro
fluya de nuevo por mis venas
(caños rotos
por donde corre ahora el cobre,
arena y lodos).

Es esta vida, la que quiero:
no más allá,
sino hacia adentro.

ESPACIO EN U

Espacio en U:
abierto desde el suelo hacia el cielo,
cerrado desde el cielo hacia el suelo.

Así, el mundo,
la vida y tú.

DESTINO DE LA ENERGÍA

Esa fuerza
descomunal de la tierra
cuando asciende desde su núcleo
ígneo en busca de luz,
luego se desparrama
miserablemente
al salir a la superficie:
su aura la malbaratan
el aire y la molicie
del educado ciudadano,
si le otorga algún sentido
o le halla ocupación.

Quedará oculto su destino
de energía innominada
que refluye hacia el sol.

RECOMPENSA

La concreción de los zarpazos
en un rostro, en una solera
de atributos de panas y de pan,
no es la menor recompensa
para quien retuvo con los años
sólo el tacto de la espera
de su propia intimidad.

FRAGMENTOS DE EXTERIOR

Fragmentos de exterior, los que conoce
el ojo avizor: sin tacha ni falta,
él se redime en su perfección
cuarteada
por el frío de la noche.

COLEGIALA

Te miro como se mira
a las estatuas del parque,
con ese desapego en llamas
ante la clásica forma fría:
ajena e inconciliable
al tacto no abusivo, pasas
con tus faldas asesinas
a la caza de un aparte.

Por mí, monina,
tú no has de inquietarte:
yo ya sólo ensueño en casa.

HUMO

Lo peor no es el fuego
Lo peor es el humo,
ese humo negro que lo impregna todo
de un orín más hediondo
que la más hedionda de tus pesadillas

Lo peor no es el fuego, porque las llamas,
las llamas curan,
lavan, purifican toda herida
y dejan los campos listos para una nueva
plantación

Pero el humo,
¿cómo harás para evitarlo —el humo,
maldito rayo sin mañana—
e impedir que malbarate la esperanza
de una vida más alta,
de un giro a mejor

en este angosto camino hacia la salida?

LUNES DE NIEBLA

Con el lunes llegan
los martillazos puntualmente a las ocho,
el rugido del autobús, la caterva
de niños que vuelven a prisión,
la sensación falsa de amplitud
de todo abierto de nuevo
(el mercado, las tiendas
de todo a cien, el ataúd
del Estado y la biblioteca),

en fin, la cadencia
habitual e impenitente

excepto por la niebla
que se extiende hoy
por todos lados
y que dice que no, que no,
que desde ahora todo será diferente
—liso, informe, sin definir,
promesa del día cero:
todo cerrado
y por abrir de nuevo.

FULGURACIÓN

Vista y no vista, la fulguración
de mis entrañas, yo pude deducirla
de un reflejo apagado por el sol
por donde el tiempo discurría

—por el techo recién pintado
por la pared acabada de encalar,
por el suelo, por la tierra…
el alcantarillado…
el mar… el mar…

QUEDAN ESPERAS

Aún tardará en aparecer
la rauda presencia de tos y de sonrisas:
queda tiempo, hasta que el pozo
oscurecido de las albas se ilumine
con un cuerpo y una disposición
esquiva al desafuero.

Hay horas
todavía por en medio,
entre este cazador
y su inútil presa desfasada,
lábil y descontentadiza,
para la que la piel no es suficiente,
ni el betún, ni los batines raídos.

Quedan esperas,
si lo que esperas
es la nueva conciliación
del impulso y el retazo:
para el estrago también
los años mueren en vano.

OJOS

Ojos, dadme el contorno
exacto de las cosas,
que de su aura informe
ya se encarga,
apetente,
la razón.

NO HABLE CON ELLA

No hable con ella.
Es más: no diga nada.
Ni a mí, ni a nadie.
Guarde silencio.
Mire que las palabras
perduran en el aire
convertidas en madejas
de incalculables efectos.

Y a ella, la medio muerta,
manténgala acallada
también, que no hay desastre
mayor a oírle al Verbo
su tétrico mensaje
de una boca yerta
y sin apenas alma.

ESCORIACIÓN

La escoriación
antigua desprende, con la luz
rasante de la tarde,
un fulgor
como de nueva amanecida.

AVENIENCIA

No es la razón
lo que me doy, ni lo que tomo
del árbol de la experimentación,

sino aveniencia
del tiempo como ensueño
en pleno ojo de ver

lo que hay en lo que no.

MAÑANA

Con la niebla,
el búho y la campana,
tiene maneras
de bosque esta mañana
(¡ay, esa niebla!)
metropolitana.

QUE NADIE ME VEA

Que nadie me vea:
que mi apariencia sea
la de los entes informes
—sutiles, adaptables y
contentadizos
sólo por fuera.

Que mi imagen permanezca
oculta ante los hombres,
y yo me quede (huidizo,
blando y transformable)
completamente al margen:

agua de río,
metales nobles
o cera de abeja:
ausencia
afable
y no frío.

DESIERTOS

En estos tus desiertos
calcinados por el sol
yo sueño con el hielo
de la noche sin fin:

para ti tumba oscura,
cuna de nuevo para mí.

PASÓ LA HORA

Pasó la hora
de la ola acrecentada
por las tablas que,
surcándola,
la enardecían:

ya quedó el agua
en su propia medida
encajonada—se apoca
el mar en su escasez
de orilla sin barca
y caña sin pez.

Tendrá que reinventarse,
el agua, la sensatez
o ser la otra: la loca,
la herida,
la transterrada.

COMPASIÓN

Mi pena, con tu compasión
me parece una vela
ahogándose en suelo seco
—leña de una pasión
en llamas, sin ella:
la que no quiero.

AGUA SALADA

En el tramo navegable de los ríos,
el agua dulce acaba devorada
por el agua salada, por el mar
que recula
estérilmente hacia su origen.

ALFOMBRAS VOLADORAS

Volverán las alfombras a surcar
los cielos a ras de suelo: ligeras
y airosas, evocarán los vuelos
insólitos que al alba hablaban
de otros modos de mediar
entre el estatismo de acá
y el movimiento de cualquier otro lado.

BORBOTÓN

Borbotón
el de mi mano embriagada
por la corriente matinal
que anuncia el alba
rediviva por entonces.

Avenida
sádica y fecunda, la que advierte
tu aguja de tabular movimientos
de tierras bajo los pies:
ella perturba las esperas
y las subvierte en camino
por landas aún no desbrozadas.

Desbordamiento, el colofón
de tanta infamia artificial,
de tantos huecos
tapados a destiempo y con la prisa
de quien se sabe perdedor
contra lo que no se contesta.

Explosión: salida a la luz
del nacimiento como forma
ultérrima del desaparecer.

DÍA LARGO

Día largo
por delante de aguas
largas por detrás

—como estela de un cometa
que trae noticias de allá,
su abrevadero.

LLUEVE

Llueve.
Llueve mojando.
Moja empapando.
Se empapan los campos
y su soledad decrece:
pronto les acompañarán
amapolas por el verde.

EL OJO Y LA MANO

Mano a mano
titánico el que libran,
el ojo, por un lado,
y la mano, por el otro:
ambos porfían,
ésta por el folio de oro,
aquél por el libro dorado.

Mi vida está tranquila,
con estos dos soldados
cuya pericia no ignoro:
en su afán yo reconozco
una implícita armonía
—donde esclavo es el odio
y el amor, único amo.

SOSPECHA

Abrir el grifo y preguntarse: ¿agua o licor
envenenado por la sospecha
de una intención segunda?

Rasgar los velos e ignorar
lo que aguarda detrás: hartura
de lo evidente o enésima quebradura.

Vivir en la incógnita permanente
y no quejarse: que hay más dolor
en lo conocido sobradamente

que en lo que aguarda la sepultura.

TODO ES SOPORTABLE

Todo es soportable
porque todo pasa y muere o,
en defecto de consuelo, te devuelve
la imagen dulce de tu caducidad

en las venas rotas

el vientre reventado

o la cabeza en el asfalto

y tu cuerpo recién estrellado
y el testigo que no reacciona
y la ambulancia que se demora
—demasiado tráfico—
y tú que ya te has ido, conciliado
nuevamente con la fuerza
que te obligó a nacer y que ahora,
compadecida,
te acoge de nuevo.

LAS LUMINANCIAS

Las luminancias,
yo apenas las quiero
tras muchos días con lluvia
y lodos oscuros y depauperación:

luego, con la avenida
cotidiana de las hojas, casi prefiero
—noctámbula en plena mañana—
la malvasía,
el secreto a cubierto,
la clandestinidad.

MANCHAS DE ESENCIA

Manchas de esencia
floral en el desierto
blanco: se mezclarán
lo oscuro y lo puro,
la realidad con el deseo
de la verbena real—
la que yo quiero, ésa:
la flor del espectro,
la sensacional.

ABULIA

Pensar en hacer algo,
y hacerlo:
¡qué ordinaria bajeza! Yo en cambio
prefiero
prometer y no dar, demorarme
en los encuentros de a diario,
querer más y más ancho
el espacio entre las aes:
andar… atreverse… aspirar…

Lo habitual es abreviar
las esperas, darse
prisa, matar el blanco
que se abre bajo el tiempo
si te niegas a avanzar,
a marchar hacia adelante
sin mirar a dónde vas.

Sin embargo, yo propendo
a extraviarme en el fango.
Habiendo nacido para nadar,
me inclino por arrastrarme
y por propia mano lo hago:
por cansarme
la vida, por mirar
y no encontrar nada a mano,
sino lejos,
a distancia de mi esfuerzo.

Por abulia, cultivo el marasmo;
por aburrimiento,
quizás,
yo vivo en vano.

BASTA

Basta una levísima torsión del pensamiento
(un mirar más atento hacia el agua
que hacia el lecho del río de lava)
para que de los rincos desafectos
manen promesas, y no esa condena
de tener que arrancarle sal a la mar,
viento a la peña,
luz a los desfiladeros.

Basta un querer ser, y serlo
al sol y entre las nubes:
basta un asentimiento
y de la ubre fluye
el licor que has de beber,
ayer tormento.

Basta con abrazar nuestra inmunda
o fecunda circunstancia para alcanzar
la luz que todo lo irradia, ese candor
de sentirse dulcemente rodeado,
o la blandura
de pertenecer y querer
que así siga siendo.

Basta con bastarte lo que hay,
y quererlo pleno y suficiente,
para extraerle el sentido que ya tiene
pero tú —eterno insatisfecho
que por la sabana te pierdes—,
ciego, no le atinabas a ver.

Basta con que sea lo que es,
y que lo sepas, para acallarse
el chirrido de los grillos en tu frente
y devengas
uno con lo que no se acaba
pues, sumiso a su destino,
consigo mismo se basta.

AGRAVIOS

De los juveniles agravios
que quede
esta interna apostura, este ser
para adentro tan sólo:

sin rémoras ni apreturas,
que de su acopio
de aguas y de sal, se lleve
el tiempo el relicario
y a mí me deje la tersura
en esta playa—final
de los principios todos,
resplandeciente
locura, sapiencia original.

LA CLARIVIDENCIA DE LOS SIGNOS

La clarividencia de los signos
—pájaros que alzan el vuelo
sin moverse siquiera
del posadero— es un don,
es una gracia que requiere
colaboración activa del usuario:
un abandono,
una entrega,
un no entender nada
en ocasiones,
un hartazgo tal vez…

DESTILACIÓN

Todo ese rencor
que pudo haberte envenenado, lo destilaste
como hielo que aguarda su primavera:
ahora lo bebes
a sorbos cada vez más acuciantes
y, tal que un magma o un hervor,
sientes cómo refresca,
emoliente,
tus cavidades.

MADERA Y AGUA

¿No es un milagro que la madera sea
un prodigioso aislante natural, ella,
que comulga con todo y a todo responde
con ágil reflejo felino? Pues no en vano
hay maderas resinosas, y secas, y blandas,
y duras como piedras de afilar cuchillos,
siempre de acuerdo con el contexto
que las cincela y madura.

Es como el agua, la madera: otra sustancia
que se adapta a su entorno
para que éste permanezca fuera,
en su lugar: sin mezclas,
y al otro lado.

L’IMPORTANT C’EST DE RÊVER

Nada me ha de ocurrir
que no haya ensoñado antes:
lo que pasa por fuera,
pasa sin mí,
y no es importante.

CASA SIN TECHO

Casa con techo
voladizo, de alas
desplegadas de abajo a arriba

Hogar extremo,
morada rara
donde la ausencia brilla
y no hay lugar
para el ancestro
cuyo lar ya no reclama:

a la intemperie se confía
quien se libra de heredad.

CONTORNOS

Una luz insospechada
Un breve resplandor
en la playa sumida en sombras bastan
para que a la noche se le perfilen
sus preciosos contornos de esmeralda.

LA IDENTIDAD

Los que se contienen
habitualmente
y los que se derraman
tanto si encarta
como si no, comparten
cierta incomprensión
respecto al arte
de estar:
que unas veces
se va y otras (las más)
se vuelve
adonde uno ya estaba:

así, la identidad.

VÓRTICE

Si yo emerjo, si consigo aparecer
de nuevo dentro

—allá donde me estaba
sin yo saberlo,
porque así lo quise
y lo di a valer—

será por ti,
el vórtice oscuro,
por quien he de verlo.

ESENCIA LÍQUIDA

Como una gelatina es
la esencia líquida:
maleable, se adapta
a toda forma, pero rechaza
desbocarse.
Ella adora los canales
—vías por las que la densidad
circula y se muestra
dulce la horma,
consuelo para navegantes.

EL ENTUSIASMO

El entusiasmo
de ir escribiendo y de saber
que ahora sí,
que el viento sopla
y las velas se inflan
y la marea me conduce
hacia el puerto flotante
que se revela,
muy raramente,
en alta mar…

EGO SUM

“Todos los días, yo soy
yo, pero ¡qué pocos días
yo soy yo!”

J.R. JIMÉNEZ, Eternidades, 56

Yo soy yo
cuando me voy
y, al alejarme, me borro
por estar donde no estoy
y marcharme adonde sobro.

Yo soy yo,
estrictamente,
junto a la fuente
de la que mana el chorro
de lo que no hay,
ni hubo, ni puede haber
(ni en el cuerpo,
ni en la mente).

Yo soy yo cuando me aboco
a la contemplación
de mi ya-no-identidad
en el oro
y en la sed:

lucidez
de no participar
ahora ni siempre,
y no ser yo,
y verlo todo
desde el lado remoto
donde no he de estar
y al cual ignoro.
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