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joseluistrullo

SE ABRE OTRA PUERTA

1

Paso al texto franco, a la palabra
desencadenada que quiere salvar
y ser salvada.
Vía libre al discurso oscuro
que desprende chispas
y todo lo inflama.
Puertas abiertas, que llega
el fárrago del verbo arrasando
los cálculos del escriba.

Que caigan las murallas
que contienen los asaltos
insistentes de la parábola.
Que la metáfora
circule, y el tropo haga
considerables estragos.

Empieza la batalla
que los símbolos libran
en cada cruce.

El copista
ya tomó posesión del cargo,
y transcribe.

2

Huele a naranjas
en mi cuarto color de guano
seco: es el quemador
y no la esencia, el que ahora aclara
los perfiles olvidados por el vaho—
es la anuencia del digitador
insomne, y no la rala
ascendencia del pasado
(carente de color:
llama apagada).

3

Y ahora que otra puerta se abre
y ruedan las poleas y el carruaje
de la princesa echa a cabalgar,
caes
en la cuenta del estiaje
al que el río se vio sometido.

Hoy, tú das al agua
una sola dirección:
la que la pendiente del valle
le quiera libremente otorgar.

4

Así como Narciso se abocaba
al estanque buscando su propia imagen
y halló tan sólo la de su difunta hermana,
yo también he roto los espejos
para encontrarme con el cristal.

Hay vida al otro lado,
y mueve las manos.

5

Una luz en la niebla
hacia delante y hacia atrás
lentamente se bambolea.

Avanzan las barcas
sin hacer apenas ruido:
unas, hacia la playa;
otra, hacia el olvido.

Igual de serenas
me parecen desde la atalaya
del estuario del río.

6

Entre dos escaleras
(una, que conduce a la azotea
y la otra, a la catacumba),
el moribundo elige
conscientemente la segunda.

Llegados a cierto punto,
todas las brechas
le parecen tumbas.

7

¿Qué última ocasión,
qué oportunidad postrera,
busca en el pajar
el globo hinchado?

¿Tal vez ser penetrado
sin inmutarse siquiera?
¿La constatación acaso
de su nueva inmunidad?
¿O es el aire
que contiene en su interior
quien desea liberarse
y, como un vendaval
al barco esclavo,
le impele hacia el desastre?

8

No quiero que me hagas volar:
me conformo con que me des alas.

9

Ininterrumpida es la lluvia
que cae sobre ti, y no te empapa.
Resiste al agua la angustia.
Moja sólo a las plantas.

10

Escribo, luego vivo
—aunque sea con astillas
arrancadas a un tizón
ya consumido,
aunque sea con dolor
retenido, y con bombillas.

Leo, entonces creo
en la existencia del otro
a quien no veo:
que su irrupción sea
(en mi crepuscular
retorcimiento)
tan violento como quiera.

Yo ya tan sólo pienso
en la inminente oscuridad.

11

“Un estado concluye y el otro comienza,
y la sucesión es tal que casi se puede decir
que nada precede y nada sigue”

(Milindapanha).
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