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joseluistrullo

EL GRAN RECHAZO

El gran rechazo

Recreando una y otra vez
la ceremonia del gran rechazo,
establezco cierto tipo de unión
medio conyugal, medio fraticida
con el lado oscuro de mi yo:
que los tribunales decidan
si, en el intercambio,
soy la víctima o el ejecutor.

Ruidos de fondo

Ecos de antes y ecos
de después: resonancias
atestando la audición,
armónicos embadurnándolo todo.

Ruidos de fondo
del pensamiento – murmullo
de la circulación de la sangre:
fragor que no se escucha,
pero que arde.

Ronroneo infame
del electrodoméstico,
maullido del buda
riendo sobre el televisor.

Chillidos sordos
de la materia – croar
en una charca de recuerdos:
aleteo poco calmante
para mi adiós.

En la vorágine
con reminiscencias,
yo me concentro:
en el fondo del fondo
(en la otra parte
aislada de todo y de todos)
aguarda el completo silencio,

late que late.

Columpio

En el balanceo
sutil entre lo casual
y lo premeditado,
ignoro si la visión
contó o no con responsable.

En la vibrante
oscilación de lo real
y lo absoluto imaginario,
risueñamente
yo me columpio:

que la tierra abajo
prosiga sin mí su asfixiante
concreción inmaterial.

Conmemoración de la ruptura

Conmemoración de la ruptura.
Vitalidad segunda en un cordón
que es la visión de una sutura
mantenida con aire artificial,
con agua y jabón
que no lavan, pero brillan.

Tiempo sin musa,
estéril reedición:
la vela, la proa, la quilla.
En seco no navega el trimarán.

El prisma o el rayo

La extensión de terreno que cubrías
súbitamente de un zarpazo
en la primera luz, ahora lo vas ocupando
por todo el espectro cromático.

No está claro quién ha salido ganando,
si el prisma o el rayo.

No es seguro que, en la dilatación,
y contra toda lógica material.
no aumente también la profundidad.

Geometría

Un rectángulo apenas
—una figura geométrica
más ancha que alta:
un vestigio para enanos
o gigantes sin piernas—

Un círculo de ramas
o un precario
triángulo equilátero
con las puntas indecisas

Un eje de abcisas
Una ecuación,
¡sí, una ecuación
que sirva de cimiento
o de techado
al espíritu que vibra!

Una evidencia
vacía, sólo requiero:
como a vasija
de barro la llenaría
con mis lamentos—
como al ungüento
lo aplicaría
sobre mi piel.

Nigromancia

Vierto mi humedad en un pañuelo
que no lleva mis iniciales.
Lo lavo, ese pañuelo, con un agua
cuyo origen desconozco, y sueño
que, frotándolo, le extraigo
su esencia anónima y conciliada.
Enjuago con cuidado sus manchas
antiguas, y en el acto de sacarle
la blancura que en su seno atesoraba,
le reintegro su plena condición de amo:
dignidad no ha de faltarle
a la materia que a sí misma se alcanza
en las manos del nigromante.
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