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joseluistrullo

TIMIDEZ DE LOS CAMPOS

Con qué pudor
exquisito
retrocede la flor ante la mano
que acaricia sus pétalos
iridiscentes.

Con qué recato
inteligente
se aparta el hibisco
cuyo estambre tiende al sol,
mas no al contacto
(su entrega es ilusión).

Con qué divina
contención exhala vahos
de amor la buganvilla.

Con qué inocente
reserva el amaranto
en la mañana florece.

Es tanta la caución
con la que el campo brilla,
que todo me parece
(a mí, el fauno
enardecido por la prisa)
invitación.
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